Down the moon
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domingo, 6 de enero de 2013
Hay hombres...
Hay hombres que me gusta para amarlos.
Otros me gusta para follar
y viajar para finalmente morir de una manera dulce en un orgasmo durante unos instantes.
Otros me gusta para hablar de sentimientos.
Otros para verlos reír.
Otros para que me escuchen.
Otros para abrazarlos porque son importantes.
Otros para disfrutar de pequeños momentos
y grandes recuerdos.
Pero tú, cariño,
Tú me gustas para todo.
[Basado en el texto de Marwan (La triste historia de tu cuerpo sobre el mío, Editorial Origami, 2012)]
Otros me gusta para follar
y viajar para finalmente morir de una manera dulce en un orgasmo durante unos instantes.
Otros me gusta para hablar de sentimientos.
Otros para verlos reír.
Otros para que me escuchen.
Otros para abrazarlos porque son importantes.
Otros para disfrutar de pequeños momentos
y grandes recuerdos.
Pero tú, cariño,
Tú me gustas para todo.
[Basado en el texto de Marwan (La triste historia de tu cuerpo sobre el mío, Editorial Origami, 2012)]
miércoles, 14 de noviembre de 2012
"Le dije al cáncer que se jodiera."
Fue de casualidad, por un capricho del destino de que lo tuviera.
Fui al hospital por síntomas anómalos. El médico, después de las pruebas concluyentes, me comunicó con cariño y de una manera profesional de que se trataba.
Cáncer.
Cáncer de pecho, concretamente. Se encontraba bastante extendido.
Me dictó los pasos que íbamos a seguir a partir de ese momento y me aconsejó ayuda psicológica si era necesario y por supuesto algún tipo de apoyo emocional.
Comenzaba una dura batalla y debía estar preparada.
Por el shock, los primeros días no podía parar de llorar: lo hacía por miedo, por angustia, por pensar en lo que se me avecinaba. Era una situación tan desesperante que no podía dejar de hacerlo.
Hasta que un día me harté de que estuviera ganándome. No lo iba a permitir.
Me vestí con la mejor de mis sonrisas, llena de valor y orgullo por mí misma, y sobre todo no solo con ganas de luchar sino de vencer.
Y así pasaron días o las semanas, quizás meses... Sinceramente no lo recuerdo, perdí la noción del tiempo por la monotonía.
Se me caía el pelo por la quimioterapia, vomitaba (era muy fuerte), en ocasiones no podía ni levantarme de la cama, perdí bastante peso...
Lo peor no era aquello, sino que algunos de los que yo consideraba mis apoyos emocionales para afrontar aquella lucha a mi lado, sintieron que era algo que les superaba y se largaron sin mirar atrás, sin palmada en la espalda ni tan siquiera una nota de despedida por los años compartido juntos. Absolutamente nada, simplemente se marcharon de mi vida, supongo que con la intención de volver más tarde si sobrevivía o de llorarme en el funeral diciendo cuanto me querían y relatando con lástima anécdotas compartidas por el recuerdo. Me resultaba una actitud tan hipócrita que me parecía enfermiza.
Pero me daba igual, no iba a sentirme sola ni abandonada pues los que yo necesitaba estaban a mi lado, me hacían sentir fuerte y me divertían con sus historias locas del día a día.
En la fecha de visitar al oncólogo me informó, sin entrar en detalles para evitar tantas palabras técnicas sobre el campo de la medicina, que había que operar para quitar los tumores y así evitar el riesgo de que se extendieran por todo mi cuerpo.
Fue duro. Tenía miedo. Pero acepté con la mayor de mis sonrisas.
Llegó el día.
Me prepararon para la intervención.
Me prometieron que todo iría bien. Yo les creí y me dormí.
Al despertar, sentía malestar, confusión, dolor. Mi torso se encontraba vendado.
Los médicos me anunciaron que había sido un éxito, pero debía quedarme durante unos días.
Mi familia y amigos, los que nunca se fueron de mi lado en esa dura y larga guerra, disfrutaron de aquel momento conmigo.
Al tiempo, aún lo recuerdo.
Estuve calva, delgada, decrépita. Muchos me abandonaron.
Hoy en día, disfruto de todos los momentos y de lo que poseo, estrujando cada segundo al máximo.
Me volvió a crecer el pelo, mi cuerpo se hizo fuerte y aprendí que a quien verdaderamente le importas no te abandona bajo ninguna adversidad sino que permanece a tu lado para luchar. Si no es así es que no merece la pena de que lo conserves a tu lado.
Fui al hospital por síntomas anómalos. El médico, después de las pruebas concluyentes, me comunicó con cariño y de una manera profesional de que se trataba.
Cáncer.
Cáncer de pecho, concretamente. Se encontraba bastante extendido.
Me dictó los pasos que íbamos a seguir a partir de ese momento y me aconsejó ayuda psicológica si era necesario y por supuesto algún tipo de apoyo emocional.
Comenzaba una dura batalla y debía estar preparada.
Por el shock, los primeros días no podía parar de llorar: lo hacía por miedo, por angustia, por pensar en lo que se me avecinaba. Era una situación tan desesperante que no podía dejar de hacerlo.
Hasta que un día me harté de que estuviera ganándome. No lo iba a permitir.
Me vestí con la mejor de mis sonrisas, llena de valor y orgullo por mí misma, y sobre todo no solo con ganas de luchar sino de vencer.
Y así pasaron días o las semanas, quizás meses... Sinceramente no lo recuerdo, perdí la noción del tiempo por la monotonía.
Se me caía el pelo por la quimioterapia, vomitaba (era muy fuerte), en ocasiones no podía ni levantarme de la cama, perdí bastante peso...
Lo peor no era aquello, sino que algunos de los que yo consideraba mis apoyos emocionales para afrontar aquella lucha a mi lado, sintieron que era algo que les superaba y se largaron sin mirar atrás, sin palmada en la espalda ni tan siquiera una nota de despedida por los años compartido juntos. Absolutamente nada, simplemente se marcharon de mi vida, supongo que con la intención de volver más tarde si sobrevivía o de llorarme en el funeral diciendo cuanto me querían y relatando con lástima anécdotas compartidas por el recuerdo. Me resultaba una actitud tan hipócrita que me parecía enfermiza.
Pero me daba igual, no iba a sentirme sola ni abandonada pues los que yo necesitaba estaban a mi lado, me hacían sentir fuerte y me divertían con sus historias locas del día a día.
En la fecha de visitar al oncólogo me informó, sin entrar en detalles para evitar tantas palabras técnicas sobre el campo de la medicina, que había que operar para quitar los tumores y así evitar el riesgo de que se extendieran por todo mi cuerpo.
Fue duro. Tenía miedo. Pero acepté con la mayor de mis sonrisas.
Llegó el día.
Me prepararon para la intervención.
Me prometieron que todo iría bien. Yo les creí y me dormí.
Al despertar, sentía malestar, confusión, dolor. Mi torso se encontraba vendado.
Los médicos me anunciaron que había sido un éxito, pero debía quedarme durante unos días.
Mi familia y amigos, los que nunca se fueron de mi lado en esa dura y larga guerra, disfrutaron de aquel momento conmigo.
Al tiempo, aún lo recuerdo.
Estuve calva, delgada, decrépita. Muchos me abandonaron.
Hoy en día, disfruto de todos los momentos y de lo que poseo, estrujando cada segundo al máximo.
Me volvió a crecer el pelo, mi cuerpo se hizo fuerte y aprendí que a quien verdaderamente le importas no te abandona bajo ninguna adversidad sino que permanece a tu lado para luchar. Si no es así es que no merece la pena de que lo conserves a tu lado.
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| Me quedé sin pecho. Pero nada ni nadie me arrebató ni mi sonrisa ni mis ganas de vivir. Jódete cáncer, te he ganado. |
martes, 13 de noviembre de 2012
Bad luck.
Precaución para aquellos que sean supersticiosos: las escaleras abundan en cualquier esquina, los espejos hoy se rompen sin permiso y los gatos negros se encuentran con más poder que nunca a la hora de cruzarse en tu camino.
También debo decir que culpar de tu mala suerte a causas externas y paranormales se trata de lo más fácil, cuando ni la fortuna ni el azar existen, tan solo la fuerza de voluntad y eso depende de ti mismo/a.
Pero simplemente, es una humilde opinión.
Que nadie se sienta ofendido si cree en la mala suerte.
Miau!
jueves, 1 de noviembre de 2012
Perdona, ¿Quién eres?
Todos tus recuerdos van desapareciendo.
Sientes impotencia al sentir que tu vida se borra poco a poco: no sabes si estás casado o no, si tienes familia y ni si quiera cuánto tiempo ha pasado desde tu último recuerdo.
De no reconocer a las personas de tu alrededor, que todo te resulte confuso a la par que monótono y que además pierdan los nervios contigo por no poder ni hablar si quiera.
Todo, por culpa de ese alemán que esconde los mejores momentos de tu vida: el Alzheimer.
Paseando por la residencia de pacientes con este tipo de enfermedad, observé que escribían sus mejores recuerdos:
"La comunión."
"Cuando nació mi bisnieta."
"Dar paseos bajo el sol."
"Mi esposa."
"Mi familia."
"Mis seres queridos y mi pasión: la pintura."
"Escuchar la radio."
"Las flores con muchos colores."
"Que me sonrían me alegra el día."
Entre tantos otros.
Era curioso, pues eran momentos de los cuáles nosotros pasamos de largo y sin embargo ellos lo atesoraban, se aferraban a ello para impedir que se perdiera en el tiempo nuevamente.
Me pareció conmovedor y por que no, hasta un gesto romántico.
Es increíble como estas personas que poseen demencia senil (en diferentes grados) valoran todo lo de su alrededor, incluso llegándolo a escribir para que no se les olvide de que al menos una vez lo han vivido, y sentirse orgullosos por esa hazaña, tan insignificantes para otros tantos, para variar.
Lo afrontan con positivismo, aunque tengan miedo de no saber de donde están. Sonríen si alguien le dedica una sonrisa: ya por eso se sienten afortunados.
No es mucho tiempo el que se tarda en dibujar una, unos pocos segundos tal vez acompañado de una palabra amable, es un gesto cotidiano que en algunas circunstancias carece hasta de valor, pero a ellos se les demuestra que no todo está perdido porque alguien les ha sonreído.
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| Residencia Puente Real. |
domingo, 28 de octubre de 2012
A la memoria de un recuerdo.

Mientras paseaba me topé con aquel camino que recorría cada mañana y cada tarde para ir a verte.
Lleno de sol, alegría e ilusión.
Ahora lo observaba con melancolía puesto que se encontraba todo marchito y seco, además de tener un aspecto gris y mojado.
La verdad, es que eramos dos niños que disfrutaban de la vida desde nuestra mayor inocente ignorancia. Todo nos parecía posible, al alcance de las yemas de los dedos que podíamos agarrar cuando quisiéramos.
Nos apuntamos mutuamente en un "pagaré" todas esas caricias tímidas, recuerdos nuevos envueltos con mimos, miradas acompañada de sonrisas cómplices... Y besarnos, deberíamos haberlo hecho como dos fugitivos que huían de la ley, sin tener que preocuparnos por el mañana, como habíamos hecho siempre.
Pero tú te fuiste.
Yo también.
Y cansada de esperar emprendí de nuevo el camino sola.
Aprendí y comencé a crecer, comprendiendo que para ser sabio y viejo, antes hay que ser joven y estúpido.
jueves, 25 de octubre de 2012
"Si te digo la verdad...No tenía la menor intención de sentir nada por ti."
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| ©Hahmed Masoumi |
¿ahora qué?,
la verdad es que así es como comenzó todo: te conocí por un accidente que tuvo el destino estrellándose contra el azar, sintiendo como consecuencia un chispazo que me devolvía a la vida de vez en cuando.
En los días más turbios decidiste quedarme sin palabras, a cambio, de regalarme la mayor sonrisa estúpida que pueda dibujar mi cara al verte o cuando tu recuerdo invade mis pensamientos sin previo aviso.
En un día, me coges de la mano, me abrazas, me observas...
Y por si fuera poco, yo quiero más y más.
Nos pasamos los días grises entre susurros y caricias, arrebatándome así la parte negativa que convivía conmigo y como si de un truco de magia se tratase, lo convertiste en felicidad y ganas de conquistar el mundo a tu lado, cumpliendo todos los sueños juntos.
Ahora, aquí en el presente, sigo teniendo esa maravillosa sensación de que te quiero.
Se que ahora puedo acabar aquella frase... Je vous aime vous.
viernes, 19 de octubre de 2012
Nocturnos y veloces.
Y no me queda otra opción que conducir de noche.
Adoro la sensación de tener para mí la carretera,
ir a 120 y reventarme los oídos con la música a todo volumen,
(The Cardigans - My favourite game, por ejemplo),
mientras voy pensando, porque conducir de noche
da mucho para pensar.
Pienso en ti. Pienso en la distancia.
Y por eso no me queda más narices que conducir para verte.
Me da rabia y sin pretenderlo acelero un poco más.
Subo el volumen y bajo la ventanilla para no quedarme dormida.
Mi coche se ha convertido en una bala musical solitaria.
Jugueteo con el acelerador para controlar la velocidad.
Lo embalo pisando embrague en las cuestas.
Llego a la conclusión, de que siempre andamos quejándonos,
a mi humilde opinión, por puro vicio ya que es gratuito,
pues hasta que no lo vives en tus propias carnes
no se considera el derecho para quejarse
porque no puedes hacerlo de algo que ignoras.
También nos cansamos de escuchar las quejas de los demás
y no de contar las nuestras propias.
Como los faros de los coches,
que siempre nos molestan los que vienen
pero no los nuestros propios.
Con lo que jode unas largas en mitad de la noche en una pendiente
o lo que deslumbran cuando te los enchufan desde atrás
en el espejo del interior del coche.
Y encima, dí algo.
A lo que me lleva al pensamiento
de que somos unos seres egoístas sin ningún tipo de
consideración ni empatía.
"Eso es mentira", pensarán algunos,
pero si se pone a repasar su vida también habrá cometido errores.
El equivocarnos es lo que nos convierte en humanos
con conciencia y sentimientos.
En los altavoces comienza a marcar un ritmo fuerte,
(Do it like a dude, con Jessie J.)
y sin quererlo comienzo a cantarla con la misma rabia que la escucho.
Estrujo el volante, saboreo la sensación.
Ahora sí, intencionadamente pisoteo el acelerador un poco más.
Lo justo para liberar tensión,
concentrándome en aquella carretera
sin luces que me acompañen y me guíen en el camino,
como si el mundo se hubiera sentenciado para siempre
en una oscuridad eterna de noche y estrellas.
Pero la realidad es que deseo llegar cuanto antes a mi destino.
jueves, 18 de octubre de 2012
Locura musical.
Frío, mucho frío.
Todo se encuentra en calma.
Pero de pronto...
Los dedos locos de un pianista maquiavélico, inventándose acordes, aporreando tecla tras tecla sin parar, hace que todo se confunda en sonidos, imágenes, recuerdos.
Todo va cayendo sobre su propio peso.
Lo lamentas, pero no puedes frenarlo. El pianista sigue tocando. Se sigue volviendo loco en su interior.
Su música se convierte en algo grande, maravilloso y espléndido al final.
Alguien lo escuchó y un violinista le acompaña, llegando con fuerza para romper el silencio más allá de la imaginación, creando una música gloriosa para los oídos, hasta para el ser más divino.
Ambos se inventan notas y acordes, improvisando el uno con el otro sin parar de tocar. Haciendo girar, explotando juntos.
Volviéndose locos sin más.
Todo se encuentra en calma.
Pero de pronto...
Los dedos locos de un pianista maquiavélico, inventándose acordes, aporreando tecla tras tecla sin parar, hace que todo se confunda en sonidos, imágenes, recuerdos.
Todo va cayendo sobre su propio peso.
Lo lamentas, pero no puedes frenarlo. El pianista sigue tocando. Se sigue volviendo loco en su interior.
Su música se convierte en algo grande, maravilloso y espléndido al final.
Alguien lo escuchó y un violinista le acompaña, llegando con fuerza para romper el silencio más allá de la imaginación, creando una música gloriosa para los oídos, hasta para el ser más divino.
Ambos se inventan notas y acordes, improvisando el uno con el otro sin parar de tocar. Haciendo girar, explotando juntos.
Volviéndose locos sin más.
miércoles, 17 de octubre de 2012
El juego de las indirectas.
Anoche, medité largamente.
El vino se convirtió en mi fiel amante esa noche. Conseguía ver el reflejo translucido a través de la botella. que emitía las luces de la calle.
A oscuras me quedé, y la realidad es que me sentía cómoda. Bebiendo y fumando, nuevamente.
Repasé el manifiesto de mi vida, el mejor monólogo escrito sobre uno mismo que jamás nadie pudiera escribir.
Pero no me atreví (ni me atrevo) a relatarlo, puesto que solo hay frustración, rabia (si, eso mismo) y muchísimas ganas de gritar mientras se dicen cosas sin sentido, sin razón ni lógica, y lo más importante: sin pensarlo dos veces. No voy a arrepentirme por cosas que dije, no permitiré cometer el mismo error.
Hay una frase que dice: "No prometas cuando eres feliz, no decidas si estás triste y no responda si estás enojado."
Así lo cumplí, palabra por palabra en apenas unas 5 horas escasas.
Vuelvo a dar un trago más a mi copa, decido ir a por otra botella. Mato al cigarrillo, y en la oscuridad me enciendo otro haciendo que por segundos se ilumine mi rostro entre tanta oscuridad.
"Siendo frío es como conseguir salir del pozo", es lo que me enseñaron una noche cualquiera. De vez en cuando, esa frase se pasea por mi mente con fuerza,una y otra vez que es lo penoso. Me provoca más soledad aún, así que vuelvo a beber para ahogar las penas, que es lo que suelen decir por ahí.
Tendrá razón la persona que me lo escupió a la cara sin ningún tipo de reparo ni consideración. Quería que aprendiera la lección, así que, comprendí nuevamente, que siempre existirá el uno mismo y que con eso debe bastar para salir de cualquier lugar.
Me fui a dormir, rezando por no tener pesadillas y amanecer de una manera diferente.
Pero Dios no escucha a los ateos.
El vino se convirtió en mi fiel amante esa noche. Conseguía ver el reflejo translucido a través de la botella. que emitía las luces de la calle.
A oscuras me quedé, y la realidad es que me sentía cómoda. Bebiendo y fumando, nuevamente.
Repasé el manifiesto de mi vida, el mejor monólogo escrito sobre uno mismo que jamás nadie pudiera escribir.
Pero no me atreví (ni me atrevo) a relatarlo, puesto que solo hay frustración, rabia (si, eso mismo) y muchísimas ganas de gritar mientras se dicen cosas sin sentido, sin razón ni lógica, y lo más importante: sin pensarlo dos veces. No voy a arrepentirme por cosas que dije, no permitiré cometer el mismo error.
Hay una frase que dice: "No prometas cuando eres feliz, no decidas si estás triste y no responda si estás enojado."
Así lo cumplí, palabra por palabra en apenas unas 5 horas escasas.
Vuelvo a dar un trago más a mi copa, decido ir a por otra botella. Mato al cigarrillo, y en la oscuridad me enciendo otro haciendo que por segundos se ilumine mi rostro entre tanta oscuridad.
"Siendo frío es como conseguir salir del pozo", es lo que me enseñaron una noche cualquiera. De vez en cuando, esa frase se pasea por mi mente con fuerza,una y otra vez que es lo penoso. Me provoca más soledad aún, así que vuelvo a beber para ahogar las penas, que es lo que suelen decir por ahí.
Tendrá razón la persona que me lo escupió a la cara sin ningún tipo de reparo ni consideración. Quería que aprendiera la lección, así que, comprendí nuevamente, que siempre existirá el uno mismo y que con eso debe bastar para salir de cualquier lugar.
Me fui a dormir, rezando por no tener pesadillas y amanecer de una manera diferente.
Pero Dios no escucha a los ateos.
martes, 16 de octubre de 2012
Pensamientos por esperar demasiado.
Me acomodo en el asiento.
Parece que tardará esta vez.
Me encenderé un cigarillo, esto va para largo.
[Primera calada, pensativa]
Comienzo a pensar que no tengo remedio.
Que siempre dí demasiado hasta convertirme en una egoísta.
Cada día, modifico los acordes de mi vida:
mi vida contigo,
mi vida sin ti.
Pero no parece que resulte demasiado.
[Segunda calada]
La verdad, es que estoy harta.
Creo que merezco algo mejor, pero se que no me lo gané.
Me queda soportar mis manías y costumbres.
Mis bucles de esta puta noria que no para de girar.
Mis masturbaciones mentales, que no dejan lugar al placer.
[Tercera calada]
No puedo ni pensar lo que vendrá después.
De la imaginación ni hablamos.
Pienso que no soy humana,
pero la presión que siento en el pecho,
junto al lado de mi corazón
me recuerda que mi órgano vital sigue bien vivo.
Con lo cuál yo también.
¿Será por pensar demasiado en ti?
[Cuarta calada]
Finalmente, se me mengua el alma,
haciendo que me sienta diminuta en este mundo de gigantes.
Me siento tan insignificante,
que nadie se fija en mí.
[Quinta calada]
Solo deseo hacer el amor
para acabar con las guerras de mi interior.
Hacer callar a esas voces
a grito de orgasmo y orgasmo.
Sentir que entre tanta mierda
exploto en un arrebato de pasión,
hasta conseguir acabar con mi vida en pleno éxtasis.
[Sexta calada]
Las personas contienen secretos
y formulan mentiras
mientras se dedican a esconder las verdades
por miedo en su interior.
En el fondo, eso es lo que las hace tan especiales.
[Séptima calada]
Me gusta estrujar la boquilla del cigarro entre mis dedos.
Pero se que finalmente morirá.
También sé que yo me estoy condicionando a ello.
Pienso, que debería dejar de fumar.
[Maté al cigarro, pero no me arrepiento de ser una asesina]
Me marcho de aquí.
Tardaste demasiado,
creo que ambos esperamos suficiente.
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