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viernes, 19 de octubre de 2012

Nocturnos y veloces.


Y no me queda otra opción que conducir de noche.
Adoro la sensación de tener para mí la carretera,
ir a 120 y reventarme los oídos con la música a todo volumen,
(The Cardigans - My favourite game, por ejemplo),
mientras voy pensando, porque conducir de noche 
da mucho para pensar.
Pienso en ti. Pienso en la distancia.
Y por eso no me queda más narices que conducir para verte.
Me da rabia y sin pretenderlo acelero un poco más.
Subo el volumen y bajo la ventanilla para no quedarme dormida.
Mi coche se ha convertido en una bala musical solitaria.
Jugueteo con el acelerador para controlar la velocidad.
Lo embalo pisando embrague en las cuestas.
Llego a la conclusión, de que siempre andamos quejándonos,
a mi humilde opinión, por puro vicio ya que es gratuito,
pues hasta que no lo vives en tus propias carnes 
no se considera el derecho para quejarse
porque no puedes hacerlo de algo que ignoras.
También nos cansamos de escuchar las quejas de los demás
y no de contar las nuestras propias.
Como los faros de los coches, 
que siempre nos molestan los que vienen
pero no los nuestros propios.
Con lo que jode unas largas en mitad de la noche en una pendiente
o lo que deslumbran cuando te los enchufan desde atrás
en el espejo del interior del coche.
Y encima, dí algo.
A lo que me lleva al pensamiento
de que somos unos seres egoístas sin ningún tipo de
consideración ni empatía.
"Eso es mentira", pensarán algunos,
pero si se pone a repasar su vida también habrá cometido errores.
El equivocarnos es lo que nos convierte en humanos
con conciencia y sentimientos.
En los altavoces comienza a marcar un ritmo fuerte,
(Do it like a dude, con Jessie J.)
y sin quererlo comienzo a cantarla con la misma rabia que la escucho.
Estrujo el volante, saboreo la sensación.
Ahora sí, intencionadamente pisoteo el acelerador un poco más.
Lo justo para liberar tensión,
concentrándome en aquella carretera 
sin luces que me acompañen y me guíen en el camino,
como si el mundo se hubiera sentenciado para siempre
en una oscuridad eterna de noche y estrellas.
Pero la realidad es que deseo llegar cuanto antes a mi destino.



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