Anoche, medité largamente.
El vino se convirtió en mi fiel amante esa noche. Conseguía ver el reflejo translucido a través de la botella. que emitía las luces de la calle.
A oscuras me quedé, y la realidad es que me sentía cómoda. Bebiendo y fumando, nuevamente.
Repasé el manifiesto de mi vida, el mejor monólogo escrito sobre uno mismo que jamás nadie pudiera escribir.
Pero no me atreví (ni me atrevo) a relatarlo, puesto que solo hay frustración, rabia (si, eso mismo) y muchísimas ganas de gritar mientras se dicen cosas sin sentido, sin razón ni lógica, y lo más importante: sin pensarlo dos veces. No voy a arrepentirme por cosas que dije, no permitiré cometer el mismo error.
Hay una frase que dice: "No prometas cuando eres feliz, no decidas si estás triste y no responda si estás enojado."
Así lo cumplí, palabra por palabra en apenas unas 5 horas escasas.
Vuelvo a dar un trago más a mi copa, decido ir a por otra botella. Mato al cigarrillo, y en la oscuridad me enciendo otro haciendo que por segundos se ilumine mi rostro entre tanta oscuridad.
"Siendo frío es como conseguir salir del pozo", es lo que me enseñaron una noche cualquiera. De vez en cuando, esa frase se pasea por mi mente con fuerza,una y otra vez que es lo penoso. Me provoca más soledad aún, así que vuelvo a beber para ahogar las penas, que es lo que suelen decir por ahí.
Tendrá razón la persona que me lo escupió a la cara sin ningún tipo de reparo ni consideración. Quería que aprendiera la lección, así que, comprendí nuevamente, que siempre existirá el uno mismo y que con eso debe bastar para salir de cualquier lugar.
Me fui a dormir, rezando por no tener pesadillas y amanecer de una manera diferente.
Pero Dios no escucha a los ateos.
Vuelves a escribir y esta vez con muchos más matices y mucho más sentimiento. Me gusta tu nueva forma de escribir! ;)
ResponderEliminar;)
ResponderEliminar