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miércoles, 21 de marzo de 2012

Erase una vez...




 Una niña que era princesa y a su vez, detestaba a las de su rango.
Como conocían esa antipatía que sentía hacia todas ellas, le prohibieron la entrada de sus palacios y su presencia en los festejos de cada uno de sus reinos.
A la princesita no le importo. A pesar de que debía ser responsable de su cargo, no obedeció el protocolo y se convirtió en una punk.
Destrozó sus galletitas que poseían formas adorables e hizo añicos sus tazas de té.
Más que nada, por lo que representaba.Quería ser libre y ella misma.
Con un peinado moderno y agresivo , con collares de pinchos y  botas de 2 tallas más grande que su pie, había alterado el protocolo.Una princesa punk que fue enseñando valores, ideales y luchar por sus propias creencias a las princesas de vestiditos de rosa que tan solo entendían de apariencias y modales absurdos, siendo esta acción algo renovador, original y nuevo.
Y así, es como destruyó los cuentos teñidos de color de rosa, de castillos en el aire gobernados por princesas tiernas y adorables (y en algunos casos, insoportables).

Cuando algo cambia, puede cambiar todo un reino.



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