No nos paramos a pensar lo que pudo suceder hace 75 años aproximadamente, en el cinturón de piedras que rodea celosamente a la Alcazaba de la ciudad para protegerla.
Paseaban personas enamoradas preguntandose como estaría su amor.
Casquillos rebotaban en el suelo.
La promesa de permanecer juntos hasta el final. El ruido de un cuerpo yerto.
Otros, vencían el sonido de las armas por canciones.
En algunos casos, las pistolas solo paseaban, hacían que no había nadie.
Con dignidad aguantaban el sonido de las risas, burlas, insultos.
Damas de guerra actuaban en la sombra.
Disparaban sin disparar. No podían vencer a su sentido común.
En ocasiones, torturaban.
El rugido de un avión rompía el cielo en dos.
Sonidos de trompeta. Desfiles al grito de viva España.
Hambre, y pensar que al menos estaban juntos.
Miedo, pero luchaban por unos ideales.
Un beso de despedida.
El abrazo en la estación de tren.
Después de tantos años, no nos pararnos a pensar que una parte de esas vidas de aquellas personas queda protegida entre las murallas.
Desconocemos si estábamos en el mismo lugar, a la misma hora, en épocas distintas.
Esos recuerdos quedan sumergidos y mezclados con acordes de una guitarra, entre risas y algunas veces llantos, cervezas y ladridos de perros.
Pero sobre todo, quedan custodiados entre amaneceres y puestas de sol en la Alcazaba de la ciudad.
Fotografía: GatoNegro_13
Me ha gustado mucho. Cada uno es mejor que el anterior
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