El otro día, mientras conducía a 150 Km/h por la nacional 505 y repasaba mis
inviernos y primaveras,la adrenalina bombeaba fuertemente mi corazón eufóricamente. De pronto, note una mirada inquietante clavada en mi vehículo. Levante la vista para contemplar el paisaje, me observaban unos
grandes ojos verdes de serpiente. Se trataba de un dragón, aquellos que los
antiguos decían que eran poseedores del don del fuego, grandes colmillos y
garras peligrosas. Los rayos del sol rebotaban en sus escamas verdes esmeralda.
No pude creerlo. Pensé que era de la bebida energética. Me detuve en la
cuneta de aquella carretera y miré incrédula la lata, buscando una respuesta.
Como no la encontré la tiré por la ventanilla y seguí observando al bicho.
Seguía con sus ojos clavados en mí.
De pronto el paisaje cambió, conducía un camaro del año 68 y la música del
charlestón comenzó a sonar en una cinta de casete.
Todo era mágico, increíble. Definitivamente, perdí la cabeza. Comprendí que
si aquella criatura quería acabar conmigo, sería el final de mi corta saga.
Alzó el vuelo, levantando una gran nube de polvo debido al
solar. Los árboles, comenzaron agitar sus hojas en el lenguaje secreto que tan
solo ellos conocen.
Después de toser varias veces, todo volvió a la normalidad.
Hay que comprender, que todo lo que se escribe, en la gran mayoría de los
casos es mentira. Aunque se inventaron la palabra de ficción para nombrarlo más
sutilmente y de una manera más cariñosa.
Fotografía: GatoNegro_13
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