-¡Vamos! ¡Hay que refugiarse en el convento!
Las balas partían el aire en dos, sonidos de botas machacando el
suelo cada vez se hacían más fuerte.
Gritos de desesperación porque la puerta del convento de San Agustín no
quería ceder para proporcionarles refugio.
-¡Empujad con todas vuestras fuerzas!
Finalmente, cedió. Los hombres entraron y bloquearon la entrada para ganar
tiempo.
Cuando observaron a su alrededor, encontraron a más personas que se habían refugiado en la casa del Señor.
Algunos inocentes y otras personas que fueron detenidas que consiguieron
escapar.
-Qué diablos... Y ahora que vamos hacer - Se preguntaba retóricamente el
alto mando.
-Mi señor, vamos a rendirnos - Le suplicó un niño de 15 años muerto de
miedo.
-Si nos rendimos nos matarán igualmente, ¿Quieres morir por un ideal o quieres
morir como un cobarde? sé que es duro, pero permaneceremos unidos, nuestro
sentimiento no morirá con nosotros, es demasiado hermoso para que nos acompañe
a la tumba- para consolarle, le puso la mano en el hombro, en un gesto paternal
- ahora prepárate muchacho, coge el arma, la batalla será dura.
El muchacho así acató la orden.
Todos tomaron posesión del convento.
El rugido de los aviones rompía el cielo. El sonido de las armas disparando
ferozmente recordaba la triste realidad.
La guerra.
Se podía percibir el olor a miedo.
Los tanques avanzando lentamente por las calles.
Cañonazos disparaban una y otra vez.
Alcanzó al convento de San Agustín en más de dos ocasiones.
-¡VIRGEN DEL PILAR!- imploraban los soldados en busca de protección divina.
Solo obtuvieron su propio eco en señal de respuesta mientras el ruido de un
cañón explotaba.
Los segundos más largos y pesados marchaban en silencio.
De pronto, el final.
El fuego de la batalla fue apagándose poco a poco, dejando un chisporroteo a
medida que se consumía mientras era testigo de toda aquella estampa.
Hoy en día, dicen que en Belchite viejo han quedado impregnados los ecos del
pasado con el sonido de aquella lucha y gritos de desesperación a la Virgen
del Pilar.
“Pueblo viejo de Belchite, ya no te rondan zagales, ya no se oirán las jotas que cantaban nuestros padres.” Pintado en la
puerta de la vieja iglesia de San Martín por Natalio Baquero, uno de los
últimos habitantes de Belchite tras su partida.
Conmovedor. Es fabuloso.
ResponderEliminarMuy pero que muy emotivo.
ResponderEliminarHas conseguido que me imagine que estoy alli viviendo todo ese calvario.
Iremos un dia a Belchite lo juro.
Como te digo siempre sige asi.
Un beso muy grande
De vez en cuando haces frases muy impactantes, trabájalas e impresionarás al mundo! ;)
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