Recuerdo tus ojos azules, fríos como un témpano de hielo.
Profundos como el lago Epecuén.
No miraban nada, pero lo observaban todo.
Permanecían expectantes a cualquier cambio del monótono transcurso del tiempo.
Deberían transmitirme miedo. Soledad. Frío.
Mucho frío.
Pero dicen que la mirada, es el espejo del alma.
Que delata como te sientes o lo que te sucede.
Cuando lloras, estás triste.
Cuando los arrugas, sonríes.
Cuando los cierras, sueñas.
Lo bueno de las miradas frías, es que cuando sienten todo se convierte en verdadero, y consigues valorar lo que otras personas te regalan por pura cortesía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario