Siempre termino preguntándome
donde se encuentran los límites del bien y del mal.
Si la ética, la moral o la razón consiguen aliarse y vencer
al corazón.
Siempre comienzo hablando de algo idílico
para terminar concluyendo con la triste realidad.
Me enciendo un cigarrillo, mientras me dedico a observar al mundo en su esplendor.
Meditando sobre donde están los límites de cada uno.
Si se permite sobrepasarlos.
¿Está permitido lo prohibido?
De no ser así, ¿porqué nos resulta tan tentador?
Mis pensamientos se distraen
cuando el humo del cigarro comienza a formar figuras
irreales y llenas de fantasía.
Lo justo para que me aleje de nuevo de la realidad y me crea mi propio cuento.
Muy bien,
"Erase una vez..."

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