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martes, 26 de junio de 2012

La inutilidad de un beso.

Un simple beso en los cuentos más clásicos, tenía la capacidad de convertir al más feo de los sapos en un príncipe azul, el cual, siempre comía perdices al final del cuento con su princesa.
A lo largo del tiempo, los mayores logros se celebraron con besos en señal de que una nueva etapa comenzaba. Se trataba de rematar el triunfo, por sentir el conjunto del placer sentimental y el carnal.
Los besos, siempre se han mezclado de alcohol, humo, música y en algunas ocasiones van añadidos con pinceladas de emoción, con adrenalina por sentir que el corazón va a mil por hora, y mucho, muchísimo sentimiento que poder transmitir.
Existen besos sinceros, rudos, pasionales, con deseo, llenos de complicidad y en algunas ocasiones de secretos. Cada uno significa algo, desde el más tímido "me gustas" hasta el más descarado "te deseo con todo mi ser".
El ser humano, en el fondo, siempre quiso recrear ese beso de película, susurrándole algo perfecto al oído de la chica, que ella le mirase con esa profunda mirada que le desarmaba, cada vez más cerca y cada momento más lento hasta que saboreaban sus lenguas al compás del ritmo que les marcaba el corazón.
Pero, nunca lo reconocerá.
Hoy en día, los besos pueden significar mucho, pueden transmitir aun más, llegan a conseguir que el corazón marque un ritmo siempre sorprendente con una sensación cálida, agradable y sobre todo única en cada circunstancia y persona.
También es cierto, que los besos se regalan a cualquiera que admita que su boca sea mordida por la simple y divertida sexualidad.
Ya los besos, no son los de antes, para llegar a pedir más los besos son inútiles. Hay que ir más allá.

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