¿Dónde coño estás?
Antes imponías respeto,
esos ojos claros cristalinos me atravesaban el alma.
Tu pelo negro podría relatar como podría ser
el futuro de cualquier persona si se pasaban contigo.
Eras inacesible, nadie podía conocerte.
Eso y tu fuerza de voluntad era lo que yo admiraba.
Ahora ya no eres nada,
una simple borracha que se pasa el día paseando por aceras
y que trasnocha agarrada a la barra de cualquier bar.
Das pena, lástima.
Es decepcionante.
Y aún, lo más penoso, es que aún te crees alguien,
cuando te convertiste en una doña nadie
hace mucho tiempo.
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