Comenzó a llover.
Empezó hacerlo con intensidad.
La gente miraba al cielo con ignorancia de la lluvia y abrían sus paraguas que siempre les acompañaban a su vera con cierta vagancia.
Siempre era más de lo mismo al lado de la estación del tranvía.
Empezó hacerlo con intensidad.
La gente miraba al cielo con ignorancia de la lluvia y abrían sus paraguas que siempre les acompañaban a su vera con cierta vagancia.
Siempre era más de lo mismo al lado de la estación del tranvía.
Pero dos chicos soportaban la lluvia.
Allí estaban, cabizbajos.
Sentían realmente el momento. Estaban uno junto al otro.
La gente pasaba a su lado. Eran demasiado insignificantes para que el mundo de la madurez (o el de la ignorancia, según se mire) se percatara de aquello.
Una soledad donde estaban todos juntos.
Por las mejillas de ella resbalaban las gotas de lluvia, y por el flequillo de él, estas se suicidaban lanzándose al vacio y estrellándose contra el suelo.
-¿Por qué no puedo estar contigo?
-Por que todo cambio
-¿Todo?
El chico guardo un segundo de silencio eterno.
-Sí…
-Nada más me importa… Salvo tú. No creo que nada haya cambiado.
-Sí… Demasiadas cosas.
-¿Como qué?
-Todo.
La chica se levantó furiosa, frustrada, desprotegida y amada a la vez... Realmente, como se sentía era idiota.
-¡No ha cambiado nada! ¡Tienes miedo! ¡Eso es lo que pasa!
-No temo a nada.
La chica se dirigió hacia él, le agarro las muñecas fuertemente, como si temiera que en algún momento se escapara y no volviera a verle.
-¡TE QUIERO! ¡Y ESO NO LO VA A CAMBIAR NADA NI NADIE!
En el rostro del chico no se apreció ningún cambio, pero en su interior... En su interior era distinto.
El miedo se rompió de un portazo. Se sintió vacío.
Se sintió...
Se lamentó de sí mismo.
De pronto su mirada se empapó de oscura tristeza, su rostro era una expresión lánguida.
La chica le agarró aun más fuerte las muñecas.
-ME IMPORTAS MÁS QUE NADA
Llovió aún más fuerte, como si su grito de desesperación hubiera corrompido al cielo. La gente los ignoraban.
Y sin embargo ellos seguían ahí.
-Sabes perfectamente que todo lo daría por ti… Por favor, no me faltes o mi vida no tendrá sentido.- Continuaba diciéndole la chica.
-A pesar de que te he dicho cosas horribles… A pesar de que te he dicho que todo ha cambiado... A pesar de que te he abandonado cuando más lo necesitabas...A pesar de todo…
Allí estaban, cabizbajos.
Sentían realmente el momento. Estaban uno junto al otro.
La gente pasaba a su lado. Eran demasiado insignificantes para que el mundo de la madurez (o el de la ignorancia, según se mire) se percatara de aquello.
Una soledad donde estaban todos juntos.
Por las mejillas de ella resbalaban las gotas de lluvia, y por el flequillo de él, estas se suicidaban lanzándose al vacio y estrellándose contra el suelo.
-¿Por qué no puedo estar contigo?
-Por que todo cambio
-¿Todo?
El chico guardo un segundo de silencio eterno.
-Sí…
-Nada más me importa… Salvo tú. No creo que nada haya cambiado.
-Sí… Demasiadas cosas.
-¿Como qué?
-Todo.
La chica se levantó furiosa, frustrada, desprotegida y amada a la vez... Realmente, como se sentía era idiota.
-¡No ha cambiado nada! ¡Tienes miedo! ¡Eso es lo que pasa!
-No temo a nada.
La chica se dirigió hacia él, le agarro las muñecas fuertemente, como si temiera que en algún momento se escapara y no volviera a verle.
-¡TE QUIERO! ¡Y ESO NO LO VA A CAMBIAR NADA NI NADIE!
En el rostro del chico no se apreció ningún cambio, pero en su interior... En su interior era distinto.
El miedo se rompió de un portazo. Se sintió vacío.
Se sintió...
Se lamentó de sí mismo.
De pronto su mirada se empapó de oscura tristeza, su rostro era una expresión lánguida.
La chica le agarró aun más fuerte las muñecas.
-ME IMPORTAS MÁS QUE NADA
Llovió aún más fuerte, como si su grito de desesperación hubiera corrompido al cielo. La gente los ignoraban.
Y sin embargo ellos seguían ahí.
-Sabes perfectamente que todo lo daría por ti… Por favor, no me faltes o mi vida no tendrá sentido.- Continuaba diciéndole la chica.
-A pesar de que te he dicho cosas horribles… A pesar de que te he dicho que todo ha cambiado... A pesar de que te he abandonado cuando más lo necesitabas...A pesar de todo…
¿Cómo que sigues luchando por mí? no te merezco y eso ambos
lo sabemos.
-Pero te quiero, y eso también lo sabemos los dos.
Algo relució en la mirada del chico.
Se levantó, y la chica aun le tenía agarrado por las muñecas.
Le miró un breve momento, analizando todos los detalles de su rostro.
Le pareció perfecta.
Y…
La besó.
Un beso tierno, dulce, lento y después apasionado..
Un beso en el que se contaban todos los secretos.
A pesar de la lluvia.
A pesar de la gente que estaba y sin estarlo.
A pesar del ruido de las vías del tranvía.
A pesar de todo.
Ese momento fue perfecto.
El mundo marcó un silencio ejemplar.
Tan sólo estaban él y ella. Nadie más.
Así era como lo sentían.
Caricias y susurros brotaban del cariño.
Y las sonrisas cómplices de lo que allí pasaba aparecieron para no ser disimuladas.
Y las miradas de ambos se volvieron intensas.
Él, la contempló nuevamente, le beso con ternura y se perdió en sus ojos.
-Te amo, y quiero estar contigo. No sabes lo que me haces sentir cuando estoy a tu lado. Ya no sé como decírtelo mi vida… Que por ti daría todo lo que tengo, para permanecer un minuto a tu lado… Te amo por lo que eres, y también por lo que consigues que sea cuándo estoy contigo.
La chica se quedó impresionada ante tales palabras.
Se fijó en la ternura de su mirada.
No tenía palabras. Le abrazó fuertemente y con una sonrisa de felicidad.
A veces una mirada intensa y un abrazo sincero dicen más de lo que podrían explicar las palabras.
-Pero te quiero, y eso también lo sabemos los dos.
Algo relució en la mirada del chico.
Se levantó, y la chica aun le tenía agarrado por las muñecas.
Le miró un breve momento, analizando todos los detalles de su rostro.
Le pareció perfecta.
Y…
La besó.
Un beso tierno, dulce, lento y después apasionado..
Un beso en el que se contaban todos los secretos.
A pesar de la lluvia.
A pesar de la gente que estaba y sin estarlo.
A pesar del ruido de las vías del tranvía.
A pesar de todo.
Ese momento fue perfecto.
El mundo marcó un silencio ejemplar.
Tan sólo estaban él y ella. Nadie más.
Así era como lo sentían.
Caricias y susurros brotaban del cariño.
Y las sonrisas cómplices de lo que allí pasaba aparecieron para no ser disimuladas.
Y las miradas de ambos se volvieron intensas.
Él, la contempló nuevamente, le beso con ternura y se perdió en sus ojos.
-Te amo, y quiero estar contigo. No sabes lo que me haces sentir cuando estoy a tu lado. Ya no sé como decírtelo mi vida… Que por ti daría todo lo que tengo, para permanecer un minuto a tu lado… Te amo por lo que eres, y también por lo que consigues que sea cuándo estoy contigo.
La chica se quedó impresionada ante tales palabras.
Se fijó en la ternura de su mirada.
No tenía palabras. Le abrazó fuertemente y con una sonrisa de felicidad.
A veces una mirada intensa y un abrazo sincero dicen más de lo que podrían explicar las palabras.

Excesivamente pasteloso para mi gusto, pero aún así la historia es original ^^.
ResponderEliminarYo estoy más de acuerdo con el párrafo final.
De quién es la foto?
ResponderEliminarUna que tenía hace años en el fotolog.
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